Víctor, el ícono esperanzador del terremoto

Tiene ocho años, muchos ya lo bautizaron como el "Zafrada" y su increíble historia en Iloca se está transformando en el gran comentario de ilusión que rodea la tragedia que sacudió al país.

por Pablo Gándara - 10/03/2010 - 14:01
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Se ha convertido en uno de los lados más esperanzadores de la tragedia. La ternura del pequeño Víctor Díaz ha traspasado y tocado la dermis de muchos chilenos. Cientos de links en YouTube, Facebook y Twitter están convirtiendo a este niño de ocho años, oriundo de la devastada zona de Iloca, en el ícono del día después del terremoto, igualando de a poco el impacto que provocó el "hombre de la bandera" en Pelluhue.

Las imágenes de 3TV aparecieron también en varios canales de televisión y los matinales emocionaron a su audiencia con la conmovedora ternura de Víctor. Toda una sorpresa para el pequeño, que no tenía ninguna fe en que su testimonio saliera a la luz pública dada -según él- la poca importancia de la web. "Quién va a revisar la internet" dijo dulcemente Víctor, "es mejor salir en la tele", sentenciaba con una voz encantadora.

Toda la familia de Víctor -una de las tantas damnificadas de Iloca- se juntó a ver la televisión esta mañana arriba del cerro, gracias al generador que consiguieron con un vecino. Al preguntarle hoy por su reciente fama, Víctor mantiene su tono de humilde inocencia: "oiga, pero si yo no soy famoso". En todo caso se alegra de que el caso sirva para ayudar a su pueblo.

De padre pescador, madre dueña de casa y dos hermanos mayores, el pequeño no pierde la esperanza de que las autoridades lleguen pronto y por supuesto que su colegio René León Echats sea reconstruido a la brevedad.

Víctor se dio, incluso, el lujo de mandar un mensaje al Presidente electo Sebastián Piñera, pidiéndole "que los visitara" y que "trajera colchonetas para la gente" en Iloca. 

No sólo "zafradas" necesita Víctor, como tiernamente llama así a las frazadas, si no que toda su familia necesita ayuda. Su casa quedó también dañada por el terremoto y Jacqueline, su madre, pide urgente al gobierno "ropa y alimentos" para todos los habitantes de su pueblo.

En Iloca la ayuda está llegando poco a poco, a pesar de que Víctor reclamaba que "los camiones pasaban de largo" y no "les tocaba nada a ellos". Afortunadamente un grupo de voluntarios ya estaba construyendo mediaguas para los pobladores de la caleta.

Su vuelta a clases aún es incierta. Las ruinas del colegio de Iloca no tienen futuro de reconstrucción, en simples palabras "los niños no se pueden quedar sin clases por esto" como decía Víctor.

Su historia, su testimonio y su reflexión ante la tragedia sobrepasa el dolor de toda una nación y así quedó demostrado con el impacto que ha tenido su testimonio en todo el país.

 

 
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