Si ocho niños y nueve niñas cantan loas a Kim Il-Sung, ¿cuántos niños están cantando en total? Cuando los escolares estudian aritmética con ejercicios como ése, es que hay algo podrido en Corea del Norte. Un país que tiene las prioridades claras: puede que millones de sus ciudadanos hayan muerto en hambrunas durante la dinastía comunista de los Kim -padre, hijo y, si se cumplen los pronósticos, nieto-, pero el Estado siempre ha tenido tiempo y recursos para asegurarse de que en cada hogar haya un pañuelo blanco que se usa exclusivamente para limpiar cada día el retrato del Querido Líder (así lo cuenta la periodista Barbara Demick en un libro en que entrevistó a disidentes norcoreanos).
Según la RAE, un chisme es una "noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna". Y vaya a saber uno por qué, pero todos, cual más cual menos, disfrutamos de un buen chisme, siempre y cuando, obviamente, no nos afecte de forma directa.
No es fácil reconocer una derrota, claro que no. A nadie le gusta perder cuando están en juego esperanzas y ambiciones largamente atesoradas y se ha realizado un trabajo arduo para conseguir el objetivo y verlas plasmadas en la realidad.
Esto del Indulto Bicentenario ha dado mucho qué hablar, y con razón, porque el asunto amerita debate y reflexión. Por otro lado, en ese hablar mucho, las autoridades que deben dar su opinión sobre el tema -o que son requeridas al efecto- hablan de más. Tanto, que con frecuencia se sienten obligados a aclarar que lo hacen a título personal.